16 de Abril de 2014
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¿Quién inventó el trabajo y por qué? ¿Fue una bendición o una maldición? ¿Parte intrínseca de nuestra naturaleza o una idea de último momento para mantenernos ocupados?

Desde el principio de la Biblia, vemos que Dios es el que ha inventado el trabajo. En primer lugar, Dios trabaja, como afirmó Jesús: "Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo" (Juan 5:17).

"Dios —dice Samuel Escobar en Una actitud cristiana ante el trabajo— ...es un Dios activo; no es un aristócrata griego que vive en estática contemplación o en absurdas bacanales en el Olimpo". Dios, al encarnarse, también escogió "la vida de un trabajador pobre en una aldea pobre".

Es más, él creó al hombre y a la mujer intrínsecamente trabajadores, en oposición a la idea difundida que "El origen del trabajo es la maldición bíblica" y "el individuo...no considera el trabajo lógica consecuencia de su existencia, sino como una condena, que él tiene que cumplir sin culpa alguna", como dice Fernando Díaz-Plaja en El español y los siete pecados capitales.

Lejos de imponer una condena, Dios dio a Adán y a Eva las instrucciones de su tarea como parte de su bendición: llenar la tierra, sojuzgarla, señorear (Génesis 1:28). Puede que estas tres funciones no parezcan tener mucho que ver con el trabajo que hacemos de día a día pero en realidad lo tienen, más de lo que pensamos. Un día normal en la vida de Adán y Eva trataría de plantar semillas, cultivar la tierra, "cortar el césped", hacer una "base de datos" con los nombres de los animales... porque eso era lo que Dios les mandó hacer en Génesis (cuidar del jardín del Edén). Al recibir estas tareas (trabajos), en ese momento se convirtieron en colaboradores de Dios, "trabajadores con y para Él", una posición que continuará en la eternidad (Apocalipsis 22:3).

Por lo tanto, una perspectiva bíblica del trabajo es aquella que lo ve de por sí como algo creado por Dios para la humanidad. El trabajo lícito, independientemente del que sea, glorifica a Dios; es el plan original para la humanidad. Es más, aquellos que no creen, también creados a imagen y semejanza de Dios, glorifican a Dios con su trabajo, ¡y ni siquiera lo saben!

Lo que sí que apareció en escena después de la caída fueron las complicaciones y el dolor que encontramos en el trabajo (Génesis 3:17-19). Aún con estas espinas añadidas, sin embargo, el trabajo lícito es algo positivo para nuestras vidas. Conlleva fruto por su misma naturaleza (Proverbios 14:23), beneficiándonos de las siguientes maneras:

proveyendo para nuestras necesidades físicas y las de nuestra familia;
proveyendo recursos para que podamos dar a otros;
manteniendo nuestra mente y manos ocupadas en tareas constructivas, alejándonos del vicio;
desarrollando nuestro carácter: así teniendo la oportunidad de aprender responsabilidad, gratitud, obediencia, atención, diligencia, justicia, sacrificio;
desarrollando nuesras capacidades mentales y físicas, nuestros talentos;
preparándonos para tareas más amplias o difíciles que Dios tiene para nosotros(Mateo 25:21);
acercándonos a Dios, al ver que el trabajo en sí no llena, que necesitamos sus fuerzas ante retos específicos, que él finalmente es quien provee para nuestras necesidades.
supliendo un medio para aportar a la sociedad y servir a otros;
abriendo nuestra esfera de influencia y testimonio.

Entender tanto el origen del trabajo como sus propósitos y beneficios es el primer paso hacia una actitud cristiana ante el trabajo.


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Sobre el autor/a
Nombre: E Clark
Ciudad: España
Bio: Licenciada en Periodismo.
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